jueves, 24 de noviembre de 2022

DISCURSO DEL PRESIDENTE VLADIMIR PUTIN EN LA INAUGURACIÓN DEL MONUMENTO A FIDEL EN MOSCÚ


Querido señor presidente Miguel Díaz-Canel

Queridos invitados cubanos, moscovitas, amigos:


Nos hemos reunido aquí, en la plaza que lleva el nombre de Fidel Castro, para inaugurar el monumento a este destacado estadista y político, fundador del Estado cubano moderno.


Fidel Castro dedicó toda su vida a la lucha por las ideas del bien, la paz y la justicia, por la libertad de los pueblos oprimidos, por una vida digna para el pueblo llano y por la igualdad social.


Es uno de los líderes más brillantes y carismáticos del turbulento y dramático siglo XX, una figura verdaderamente legendaria, un símbolo de una era de movimientos de liberación nacional, del colapso del sistema colonial y de la creación de nuevos estados independientes latinoamericanos y africanos.


Fidel y sus compañeros de armas siempre han defendido desinteresadamente la soberanía de su patria; no se han dejado aplastar por la intervención mercenaria, las sanciones, los embargos financieros y económicos, los intentos de aislamiento externo; han defendido el derecho de Cuba a tener su propio modelo de desarrollo según los valores nacionales y no los impuestos desde el exterior; han hecho que el mundo considere y respete los intereses de Cuba.


Para generaciones de nuestros compatriotas, la imagen del comandante siempre ha estado ligada a la gloria romántica, al valor y al triunfo. La letra de la famosa canción soviética “¡Cuba, mi amor!” reflejaba nuestros sentimientos sinceros y entusiastas, no sólo hacia la Isla de la Libertad y todo el pueblo cubano, sino también directamente hacia Fidel, cuyo poder, energía y voluntad inquebrantable nos atraían y siguen atrayendo como un imán.


He tenido la suerte, queridos amigos, de encontrarme con Fidel Castro en varias ocasiones, y mi recuerdo es el de las conversaciones de horas con él, especialmente nuestra última conversación en julio de 2014.


Habló de cosas notablemente en sintonía con los tiempos, el tiempo de la emergencia de un orden mundial multipolar: que la independencia y la dignidad no se negocian, que cada nación tiene derecho a desarrollarse libremente, a elegir su propio camino, y que en un mundo verdaderamente justo no hay lugar para los dictados, el saqueo y el neocolonialismo. Era un hombre de conocimientos enciclopédicos, un hombre con un profundo conocimiento de los acontecimientos, un hombre con una mente aguda, un hombre de precisión.


Fidel era un amigo incondicional de nuestro país, venía a nosotros a menudo, y en 1963 hizo una gira por prácticamente toda la Unión Soviética. Siempre fue un invitado bienvenido en Moscú y amaba nuestra capital, la amaba mucho. Como dijo el propio Fidel, estaba dispuesto a venir a Rusia en cualquier momento: verano e invierno, con o sin nieve.


Nuestro país ha apoyado indefectiblemente al pueblo cubano amante de la libertad y a los dirigentes de la república. Y sabemos que es mutuo. Cuba ha sido, es y estoy seguro de que siempre será nuestro socio estratégico constante, un aliado en los asuntos mundiales.


Queridos amigos


La amistad ruso-cubana que nos legó Fidel Castro es propiedad común de nuestros pueblos. Y usted, señor presidente, que representa a la nueva generación de dirigentes cubanos, hace una enorme contribución al desarrollo de las relaciones amistosas y de confianza entre nuestros países.


Juntos, seguiremos fortaleciendo nuestra unión y juntos defenderemos los grandes valores de la libertad, la igualdad y la justicia.


Gracias por su atención.

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